Alberto lleva doce años con su óptica en Alcalá de Henares. Tiene el local en propiedad, una clientela fiel, y un problema que no conseguía resolver: mientras hace una revisión de vista, el teléfono suena. Mientras despacha unas gafas, el teléfono suena. Mientras come, el teléfono suena.
Y cuando termina, hay tres, cuatro, a veces seis llamadas perdidas.
Algunas vuelven a llamar. Otras no.
Alberto no tiene recepcionista. Para un óptico autónomo que trabaja solo, contratar a alguien solo para coger el teléfono no tiene sentido económico. Y los sistemas de reserva online que probó funcionaban, pero nadie los usaba: sus clientes son de 40 a 75 años, y la mayoría prefiere llamar o mandar un mensaje de WhatsApp.
El problema era concreto: entre las 10:00 y las 14:00, y entre las 17:00 y las 20:00, Alberto tiene las manos y la atención ocupadas. Esas son las horas en las que más llaman. Y son exactamente las horas en las que no puede responder.
Calculó que perdía entre 8 y 12 contactos al día. No todos eran citas nuevas: muchos eran consultas de precio, preguntas sobre mutuas, gente que quería saber si tenían tal marca de montura. Pero entre esas llamadas, había al menos 3 o 4 citas reales que se iban a otra óptica.
Alberto empezó a usar pinza.ai en enero. Su asistente está conectado a su WhatsApp de empresa y a un número de Telegram que puso en su perfil de Google.
Cuando alguien escribe fuera de horario, o mientras él está ocupado, el asistente responde en menos de un minuto. No con un texto genérico de "en breve te atendemos", sino con respuestas útiles:
Alberto revisa todo por la noche. Le lleva unos diez minutos.
Es importante entender qué hace y qué no hace.
El asistente de pinza.ai no es un chatbot de respuestas fijas. Entiende el contexto de lo que escribe el cliente y responde de forma natural, como haría Alberto si tuviera tiempo.
Lo que sí hace, configurado para su óptica:
Responde preguntas frecuentes con la información que Alberto le ha dado: horarios, precios de revisión básica y completa, marcas que trabajan, condiciones con mutuas.
Gestiona la intención de cita: recoge los datos necesarios y le pasa a Alberto un resumen con nombre, teléfono, motivo y disponibilidad horaria del cliente. Alberto confirma la cita con un mensaje de diez segundos.
Filtra las consultas urgentes: si alguien escribe algo como "se me ha roto la montura" o "tengo el ojo rojo y me duele", el asistente lo marca como prioritario y avisa a Alberto en ese momento.
Responde en el tono de Alberto: cercano, en español de España, sin tecnicismos innecesarios.
Alberto compartió los números sin que se los pidiera:
"Lo que más me sorprendió es que los clientes no notan que no soy yo. Responde en mi tono. Sabe lo que vendo. Y cuando hay algo que no puede resolver, me avisa y yo llamo."
Hay una diferencia importante entre usar ChatGPT directamente y tener un asistente configurado para tu negocio.
ChatGPT no sabe que Alberto trabaja con MAPFRE y no con ASISA. No sabe que los jueves cierra a las 19:00. No sabe que las revisiones pediátricas tienen un precio diferente. No sabe responder en el tono que Alberto usa con sus clientes de toda la vida.
pinza.ai tarda entre 30 y 45 minutos en la configuración inicial, la hace el equipo de pinza.ai, y el asistente ya sabe todo eso desde el primer día.
Es la diferencia entre una herramienta que tienes que aprender a usar y un asistente que ya viene entrenado para tu negocio.
Este modelo funciona especialmente bien para autónomos que:
Además de ópticos, este mismo esquema funciona para fisioterapeutas, dentistas, peluqueras, consultores y otros profesionales que tienen el mismo problema: el trabajo no para para coger el teléfono.
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